Editorial de José Luis Galván

Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú…” En la mañana del 28 de diciembre, “Día de los inocentes” se dio la noticia de la muerte de Armando Manzanero. Parecía una broma. Esa tarde a mis ojos llegó la lluvia, mis recuerdos corrían al pasado, después de que con un mensaje me avisaron que en este mundo ya no estabas tú, Tía Tomasa.

Te unes al eterno, a la luz, con las niñas que jugabas de pequeña, las tías Marcelina, Elvira, Lila y mi madre, tu hermana mayor Julia. Por supuesto, verás a tus padres, mis abuelos, Don Enrique y Doña Lorenza. Y sin duda tu mas grande alegría ahora en la luz será volver a tener en tus brazos a tu hija, la que se te adelantó… Yolanda.

 “Voy a apagar la luz…” para consolarme en tus recuerdos. Cerraré mis ojos para pensar en ti, en tu novio que dejaste en este mundo, el tío Pancho, que desde que te dijo “Somos novios” no se separó de tu lado, hasta el final. Ahí estaba, en el funeral tan triste, pero de pie, apoyado ya en su bastón, con su cabello blanco, su mirada perdida, cristalina, resistiendo las tormentas en sus ojos, que ya no pudo contener en el panteón. 

Cuantas veces escuché esa historia de “comedia romántica” del día de tu boda con el tío Pancho; en plena misa se desmayó varias veces antes de darte el sí ante Dios. Al principio era preocupación entre los asistentes, después eran murmullos de risas, se rumoraba que se arrepintió y no sabia como zafarse, pero el tiempo y su versión dice que solo eran nervios y que había demasiado incienso en la iglesia.

Entre risas y algunas lagrimas volví a recordar esa historia con mi tío, me decía que hasta la virgen se le volteaba de cabeza y tu reías de él y con él; porque en vida fuiste así, tenías un gran sentido del humor, hasta en eso hacían muy buena pareja, los dos se reían hasta de las dificultades de la vida.

Quizás por eso te fuiste un 28 de diciembre, ese día en que los mexicanos hemos hecho de una tragedia religiosa, un día para hacer bromas y reír. También  irónicamente te vas por tu gran corazón, superaste el cáncer, tu enfermedad del   azúcar, ya te hacían diálisis, pero cuando te dijeron que tenias complicaciones cardiacas por que tu corazón estaba creciendo, se agrandó tanto que se elevó como un globo llevando tu espíritu al cielo.

Adiós tía Tomasa. Por favor dile a mi madre que la extraño. Sé bien que ustedes no se van del todo. Una parte de ti se queda viva en mis primos Chuy, Julio y Karla. Y por supuesto en tus hijos- nietos: Blanca y Toñito; que tú los formaste al morir tu hija Yolanda. Te prometo que buscare a “tu novio” alguna tarde de lluvia para que se confundan nuestras lágrimas al evocarte.

Buen viaje, querida Tía Tomasa, nos vemos… algún día.