Editorial por: José Luis Galván

De las pocas cosas buenas que ha dejado esta pandemia, este encierro voluntario, es ver cantar y bailar a mis hijos Iker y Gabrielo. Estamos haciendo una buena costumbre los fines de semana de hacer entre la familia un concurso de canto y baile; por  supuesto, el primero que pierde soy yo. Porque en el concurso hay rondas eliminatorias en que todos evaluamos a todos y luego…  “la gran final”. 

Regularmente se enfrentan en la final Iker mi hijo mayor de diez años, que  se ha aprendido muchas canciones de el rock de los ochentas, como de Miguel Mateos, Enanitos Verdes, Hombres G… entre otros grupos más; ese suele ser su repertorio. Gabrielo, su hermano menor de solo ocho años, recurre a canciones en inglés y de corte juvenil, como Maroon 5, Jonás Brothers, Bruno Mars , entre otros.

El problema es al momento de votar mi mujer Isidora y yo, porque la verdad, no nos vamos por su voz o sus pasos en la corografía, porque mis hijos no son unos artistas consumados, ni nosotros unos jueces expertos. La verdad, dejamos mucho que desear; solo vemos el carisma, la ocurrencia e inclusive nos encantan los errores al cantar y al bailar porque son muy divertidos, nos decidimos regularmente por la mayor candidez  de la interpretación.

Tengo que reconocer que ese criterio de votación en este divertido concurso familiar, casi siempre lo lleva a la práctica la sociedad. En la política electoral mexicana no se vota por el mejor candidato, sino por aquel con el que te identifiques empáticamente y los méritos y la capacidad salen sobrando. Aunque después nos quejemos de su desempeño, a la hora de gobernar.

Tristemente creo que en Nuevo León va a pasar lo mismo, ahora que estamos por elegir gobernador, alcaldes y diputados. “Los dueños de la democracia”, los partidos políticos lo saben, y es por eso que no les interesa en general postular un candidato capaz y honesto; sino quien tenga más carisma o la población se identifique con él por alguna historia lacrimógena inventada o real.

Y ni hablara de ideologías o posturas políticas de izquierdas o derechas. Cualquier alianza o coyuntura política la califican de “centro” para justificarse. Por ejemplo, ahora vemos al PRI aliado con el PAN en algunos Estados, los supuestos “eternos enemigos políticos”, aliados sin ideologías. Solo en busca de una cosa… ganarle a Morena.

¿Y la ciudadanía?  ¿Y los principios ideológicos? De igual manera, vemos en los estados donde Morena puede perder, que también buscará entre los ex-priistas, ex-panistas a su candidato ¿Y los militantes de Morena? ¿Y la izquierda?

En estas elecciones, creo que de nuevo la ciudadanía se pondrá a bailar y cantar al son que le pongan los partidos políticos, igual que mi mujer y yo terminamos votando  por la candidez de mis hijos.

Los ciudadanos votarán, no por una candidato, sino por un “candidote”…