Editorial por: José Luis Galván

Cuando era niño veía la Luna, esa enorme bola blanca que iluminaba todo el cielo y al lado de ella, una pequeña estrella. Me gustaba pensar, que en esa estrella estaba mi padre… cuidándome.

Era Don Roberto quien velaba mis sueños, para que no tuviera miedo ni me encontrara con una pesadilla por las noches y era el mes de  octubre cuando más grande veía esa luna y claro, su estrella al lado como presagio de que se acercaba el “Día de Muertos”.

Después de algunos años de la muerte de mi padre, llegó de nuevo la Catrina a mi vida, ahora con el rostro de mi madre; yo era una joven de 23 años. También desde el cielo en una lectura, se me apareció Jaime Sabines con el poema “Doña Luz”, dedicado a su madre muerta, en el que, en una parte nos habla de mariposas, como las que hace unos días llegaron a mi casa.

 “Decías que una mariposa negra es el alma de un muerto. Y hace muchos días que esta mariposa no sale de la casa. Hoy temprano la he visto sobre el cristal de la ventana, aleteando oscuramente, y dije: ¡Quién sabe! ¿Por qué no habías de ser una mariposa rociando mi casa con el callado polen de sus alas?”…

Las mariposas llegaron de nuevo a casa, esta vez en montones saludando con nostalgia, entraron por una ventana de la cocina, tu lugar favorito mamá, donde en familia nos reuníamos a comer, platicar o a ver y evaluar tu desempeño en las artes culinarias, artes que nos dedicabas con tanto amor y gran gozo. Doña Julia, madre… hoy  llegaste con miles de invitados, tal vez este día de muertos será diferente.

En estos días cerca de tu cumpleaños mamá, que celebramos cada 1 de noviembre, “Día de todos los Santos”, aún me sorprende cómo fuiste a nacer con ese espíritu de santidad. Por estas fechas acostumbro prender una  veladora y ponerte un altar junto con las fotos de papá, de mis tías, de mis abuelos y de amigos que se me adelantaron en esta vida.

Hoy,  quizás por esta pandemia, tendré que poner una cartulina con una cruz, donde se indique el número de casi 5 mil muertos en nuestro estado a causa del huésped incómodo, llamado Covid19. ¡Ahora entiendo tanta mariposa negra que te acompaña!

En estos tiempos ,ni flores llevaremos al “Campo Santo”, porque las autoridades decidieron cerrar los panteones por la pandemia. La muerte llegó de improviso a muchos hogares de México y el mundo, con un aire frio que resoplaba COVID. Nos dejó tormentas de lluvia en los ojos de los vivos, de las familias, quienes ni siquiera un último adiós han podido dar a sus seres queridos.

Por la noche  saldré a la terraza y levantaré los ojos al cielo, quiero ver la inmensa luna llena, rodeada de infinitas estrellas, de almas que se han ido y que ahora nos cuidan desde arriba.

Dormiré plácidamente para platicar con mis muertos en el sueño y por la mañana, al despertar, disfrutaré su presencia entre el aroma del café y el fresco de la mañana, mi alma sentirá la tibieza de sus almas, nos podremos tocar, abrazar y disfrutaremos la agradable compañía.

Así pasaré el Día de los Muertos… al lado de las mariposas negras que aún permanecen en casa.