Editorial por: José Luis Galván

Se veía una inmensa soledad ante el gran festejo, demasiado grande el palacio para “El Rey”; aunque las luces y los juegos pirotécnicos alumbraban el cielo y todo el Zócalo. Por alguna razón no había luz en él. La bandera tricolor parecía agitarse sola por un viento lleno de virus, las campanas replicaban con gran dolor, tal vez debido a la cifra de muertos durante esta pandemia, como si su sonido anunciara el réquiem del país… Y aunque no se escuchaban “los vivas” del pueblo, el Presidente en su inmensa soledad agitaba la bandera de México, sonaba la campana, arengaba por la esperanza.

Sin embargo, el Presidente no tiene presente al pueblo que lo escuche en esta ocasión, cuando se dirigía al balcón del palacio recorriendo los pasillos al lado de su esposa, el silencio era tal, que los tacones  de los zapatos de la “Primera Dama” se podían escuchar por el sonido ambiental de la televisión. Al estar ya frente al inmenso Zócalo, empezó la sensación de soledad, extrañaba a su principal aliado “el pueblo de México”. 

Nunca en la historia del país se había dado el “Grito de la Independencia” ante un inmenso vacío. Las  banderas, los cohetes, la pirotecnia, el Himno Nacional querían llenar el espacio del pueblo, pero una nación sin su gente se convierte en un país en agonía. Esa noche del 15 de septiembre, más que una celebración parecía el monólogo de un actor que se retira de los escenarios.

En algunos de los balcones aparecieron como fantasmas algunos miembros del gabinete: Hacienda,  Gobernación, Relaciones Exteriores, Seguridad y algunos  Generales; pero todos alejados del Presidente, quizás cumpliendo el protocolo de la sana distancia; sin embargo, su estampa era como de ánimas en pena dentro del palacio encantado por el embrujo de la Cuarta Transformación.

En las arengas presidenciales no hubo eco y el tradicional grito sólo pudo verse a través  de las distintas señales en televisiones, escucharse en las cientos de bocinas instaladas en el Zócalo que pregona esas arengas, las cuales se pierden en un viento sordo que es incapaz de llegar a los oídos de los conservadores, quienes niegan el milagro de la Cuarta Transformación.

En esa inmensa soledad durante el acontecimiento patriótico más importante del país, el Grito de  Independencia, el Presidente parece abandonado, le hace mucha falta el pueblo, el paladín de la justicia al que nadie le podrá negar, que siempre ha peleado por los pobres; pero eso, hoy no basta, pues ante esta pandemia habrá que replantear la ruta política. Quizás necesita un viraje al timón, cambiar a algunos tripulantes de ese barco de la Cuarta Transformación . Sobre todo unir la pueblo con los conservadores, a los fifís con los chairos; todos en torno a México, no en torno a un proyecto político.

Esa soledad reflejada este 15 de septiembre puede ser el inicio del fin… de quedarse solo el Presidente o el fin del inicio… donde todos se unamos en torno a México.