Editorial por: José Luis Galván

En medio de esta pandemia, en el ultimo fin de semana antes del regreso a clases de los niños y con las caravanas de festejos suspendidas (aunque, en las que son en contra del presidente no hay prohibición) por esas ordenes contradictorias del Dr. Manuel de la O, nuestro “flamante” Secretario de Salud en el estado. Gabrielo, mi hijo menor, festeja su octava vuelta al sol.

Literal, Gabrielo, soñaba que en su festejo de cumpleaños se metía en una gran copa de helado y se lo comía todo, fue un sueño recurrente por varios días, por lo cual Isadora su mamá tuvo la gran idea de despertarlo , el día de su cumple con una pequeña copa de nieve y una velita.

Los ojos de mi pequeño brillaban aún mas que la vela que soplaría para pedir sus deseos, no se si pedirá más helados, juguetes, una Tablet o un celular ahora que todo se vive por una pantalla. Lo que quisiera que pidiera es que esta pandemia termine, como tanta gente hoy desea, ora y pide.

Gabrielo ha expresado abiertamente su ganas de ver a sus amigos, de jugar futbol con ellos en el parque, de regresar de nuevo a clases, pero no por medio de una computadora o tableta, quiere estar otra vez en su salón, correr por los pasillos de su escuela, regresar a jugar en sus patios.

Nada de esto habrá para mi hijo, ni para ninguno de los niños que regresan a clases. En los colegios privados estarán conectados a internet con clases virtuales, algunos hasta 6 horas diarias. En el caso de mis hijos solo tres. En las escuelas públicas solo tendrán de media hora a una hora, por televisión abierta, con opciones a tres horarios diferentes en el día.

No quiero verme pesimista pero creo que ninguna de las dos opciones será de gran provecho para los niños, por otra parte los optimistas hablan de una gran oportunidad de estar preparando a la generación del futuro, una vida en casa, “home life”; estar cerca de los tuyos, con las comodidades del hogar y evitar trafico y por ende contaminación.

La realidad que nos toca vivir en este momento es una “realidad virtual”, en donde los niños de cualquier extracto social se verán afectados por cuestión de conectividad, espacio físico donde estudiar, creencias de los aparatos electrónicos y solo estamos hablando de cuestiones técnicas, vamos a ver que pasa en cuestión de metodologías para aprender por medio de la educación a distancia.

En el cumpleaños de Gabrielo su mamá tuvo la idea de hacer su fiesta virtual por zoom, en donde con gran esfuerzo preparó una presentación por Power Point. Nuestra “vecina favorita”, Nora, leyó y actuó un cuento para los niños. Se conectaron primos de otras ciudades, que quizás en una fiesta presencial no hubieran estado.

Pero también llegaron a la fiesta, sin ser invitadas, las fallas técnicas, aunque hubo momentos de alegría de verse a través de una pantalla, no le pregunté a Gabrielo si prefería esta “fiesta por zoom“ que una presencial por que imagino su respuesta. Concluyo que igual que su madre, los maestros dan su mayor esfuerzo… pero “la realidad virtual” rebasa este cumpleaños y este regreso a clases.