Editorial por: José Luis Galván

Las horas de ver televisión, los momentos que pueden jugar con la tablet o el teléfono sus juegos virtuales, dos cucharadas de helado o cuatro. Hacer ejercicio en las mañanas o en las tardes cuando se empieza a ir el sol. Dormirse a las 8 ó 10 de la noche, ver misa virtual o sólo hacer un oración. Esas, entre muchas  otras  órdenes  y contra-órdenes, que hemos generado  sin querer en estos días de cuarentena con nuestros hijos su madre y yo, derivan en ocasiones en caos familiar.

Entonces  Iker y Gabriel, nuestros  hijos de 9 y 7 años, se acomodan a su conveniencia en este caosm,  que creamos sin querer su madre y yo. Entre que no saben qué hacer o no hacer, hasta que alguien de los adultos impone su autoridad, a veces de manera arbitraria, o alguien sede por convencimiento de los pequeños; pero la realidad de tantos días de encierro, es que las contradicciones nos han llevado a discusiones y peleas entre Isadora y yo.  

Estas contradicciones que vivimos en el seno familiar se ven también en nuestra sociedad, los ciudadanos no saben a cuál “padre”, de los tres niveles de gobierno, hacerles caso, pues tanto los gobiernos federal, estatal y municipal no se coordinan, no se ponen de acuerdo, desde el tema principal de la salud, hasta las cuestiones colaterales de cuándo activar la economía, que creo que terminará por ser una cuestión fundamental. 

Desde el principio que empezamos esta pandemia se exhibió una falta de coordinación, algunos permitieron eventos masivos y no pararon de inmediato la actividad económica. Otras instancias de gobierno pararon sus actividades, suspendieron clases, eventos masivos, cerraron gimnasios, centros comerciales, bares, restaurantes; la industria “no prioritaria”, hasta el transporte público fue restringido.

Lo más grave de estas contradicciones gubernamentales es aun en el sector salud. Al principio no importaba traer o no tapabocas, después era obligatorio; las cifras de infectados y muertes se contradecían con el gobierno federal, no permitían que cualquiera hiciera prueba para detectar el Covid a la ciudadanía. No llegaban los recursos para enfrentar la contingencia de la Federación a los estados, y de los estados a los municipios igual.

A casi tres meses de esta situación atípica, al parecer se ha aprendido poco o nada; al igual que pasa en mi familia, las discusiones y los desencuentros entre los tres órdenes de gobierno se notan cada vez más. Algunos estados hablan de hacer un nuevo pacto fiscal, eso algunos lo ven como un rompimiento con la Federación.

Varios municipios reabrieron ciertas actividades económicas, mientras el estado iba con sus inspectores de salud a clausurar los pequeños negocios que el gobierno municipal había permitido. Ante el caos de gobernabilidad, algunos “hijos desobedientes” aprovecharon para salir a pasear y abarrotaron lugares públicos, como el centro de la ciudad, los mercados, hasta tiendas de autoservicio que empezarían a vender cerveza.

Basta de contradicciones gubernamentales. “Papá Gobierno” debe llamar a los sectores de esta sociedad, empresarios, obreros, sindicatos, asociaciones civiles, … para oír sus voces y después tomar la decisión en cuestión de abrir o no la economía o cómo y cuándo hacerlo. De otra manera la sociedad se sentirá huérfana de “Papá Gobierno”