Editorial por: José Luis Galván

El pupitre vacío, el salón de clases extraña las risas, las escuelas ruidosas callan, los huecos crecen en  los patios de las escuelas, en primavera las flores borraron sus pizarrones; ahora, la enseñanza espera al otoño, al caer la hojas dicen  algunos que   también caerá  el virus que les quitó su escuela a nuestros pequeños.

El estado Nuevo León y otras entidades federativas dieron por terminada la función, el ciclo escolar  2019-2020  se terminará  en línea.  ¿Dónde  aprenderán los niños?  ¿Dónde enseñará el maestro?

Mis hijos estudian en el colegio Formus, que tiene por lema la frase “Libertad con Responsabilidad”, su metodología de aprendizaje está basada en el  modelo constructivista, en el que por medio de la experimentación y el propio interés del niño, le ayudan a ser reflexivo. 

Además el colegio se caracteriza por su interés humanista, tiene  clases de vivero que acercan a los menores a la naturaleza, las cuales son impartidas por los padres de familia, con lo que se propicia lo que ellos llaman “la Comunidad Formus”; es decir, la interacción constante de padres, maestros y directivos en las actividades de los niños. El colegio inició como una escuela musical, actividad que aún continúa, ahora reforzada  con un gran acercamiento de los pequeños a las artes en general. 

Por eso me vuelvo a preguntar: ¿Dónde aprenderán los niños? En una pantalla,  con una aplicación, Zoom,  frente  a la computadora por 4 ó 6 horas, con la maestra  cariñosa que ahora estará al otro  lado de la ciudad, quien a su vez  tendrá a sus hijos en otra pantalla aprendiendo; en lo personal, me parece opuesto a la metodología  y a la  buenas prácticas que por más de cuarenta años ha tenido el colegio.

Sin embargo, aun así creo que estoy hablando de un mundo rosa, porque en las escuelas públicas existen algunas comunidades rurales a las que no llega la señal del internet o simplemente los estudiantes no tienen en las casas. Otro problema a considerar es si en una casa hay más de dos niños, pues se tendrá que considerar la necesidad de contar con varias  computadoras, tabletas o cualquier otro tipo de equipo requerido.

Ya pasando al campo de la práctica, basta decir lo difícil que podría resultar para un maestro dar clase en línea a más de 40 niños, pues muy probablemente los factores de distracción del otro lado de la pantalla estarán a la orden del día, con un niño “estudiante” más concentrado en algún juego, en ver tv, jugar con su mascota o con algún otro hermano que se encuentre en su entorno.

Y me surge otra pregunta más  complicada ¿Quién cuidará a los niños cuando los padres salgan a trabajar? Hoy en día es muy común que ambos padres laboren, algo que al parecer nuestro gobierno no  previó al momento de tomar la decisión  de terminar el ciclo escolar en casa.

Siguiendo con los cuestionamientos, porque en este tipo de escuela nunca habíamos estado: ¿Qué pasará con los  maestros? ¿Jubilarán a la mayoría que no maneje la tecnología? ¿Acaso los pocos que queden irán siendo desplazado por los  “técnicos computacionales con acentuación en educación”? ¿Las Apps  guiarán la enseñanza? ¿Adiós por supuesto también a  los libros?

Entonces estamos ante el principio del fin de la educación como la conocimos, digamos adiós al maestro,   a los pupitres, las escuelas no volverán a oír las voces y risas de los niños, nuestros hijos no  buscarán el mejor  colegio para nuestros nietos, sino la mejor aplicación.