No me gustan los cuentos tradicionales, tampoco a Iker y Gabrielo, mis hijos de 8 y 6 años. Así que en la noche, cuando tengo oportunidad de contarles uno de estos relatos, nos ponemos creativos y hacemos nuestra propia versión, hasta del más tradicional cuento, como el Patito Feo, Caperucita y el Lobo entre otros…  Y no sé por qué, pero en días pasados mientras relataba los cuentos, me acordé de la Cuarta T; que a más de un año del triunfo de AMLO, se produce la renuncia del Secretario de Hacienda, surgiendo los cuentos sobre el hecho.

Que se fue porque era un “Fifi” de izquierda o un neoliberal de clóset. Que su congruencia no le permitía seguir. Que fue una cobardía abandonar el barco y a su capitán, cuando vio venir una tormenta. Que fue un “Principito Valiente” o un “Pinocho”. Que mintió sobre la verdadera causa de su renuncia o simplemente, que el cuento que cuenta la Cuarta T, no le gustó o no entendió.

La Cuarta T plantea cosas diferentes. Visiones o datos contrarios a los que proyectan los medios de comunicación y las tradicionales calificadoras  internacionales de riesgos. Peor aún, los mismos miembros del gabinete no se ponen de acuerdo y algunos le dan fin a su cuento. Abandonan la trama en las primeras páginas del libro de la Cuarta T.

Además, está el fuego amigo de los líderes del partido en el poder. En Morena, no entienden que ya son gobierno, no opción; juegan a leer sus cuentos, no en las noches sino en las madrugadas, como lo hizo la presidenta del partido al citar a su Comité Directivo Nacional a las tres de la mañana. Este hecho sin duda, no se entiende, no ayuda en sus disputas internas. Morena no se consolida como partido, se queda en sólo un movimiento político que ayudó a Andrés Manuel a ganar la presidencia; pero sus líderes, deben ser conscientes de que ese cuento… ya concluyó.

De la clase política tradicional, poco se puede esperar. Obvio que este sector le hace el feo a las decisiones de austeridad, sencillez, centralistas y a veces contradictorias del Presidente. ¿Será que es igual que El Patio Feo? Que en realidad no era feo, sino simplemente diferente, era un cisne. En este caso, ni patito ni cisne, es un ganso que dice «que no se cansa». Pero ¿tendrá la capacidad de aguantar “Las mil y una mañaneras”  todos los días sin desgastarse?

Reconozco que  a veces en lo personal, sí me canso, se me acaba la creatividad por las noches al contarles cuentos a mis hijos. De vez en cuando recurro a autores no tan conocidos, pero sí divertidos y diferentes, como Juan Arévalo que nos cuenta su versión de Caperucita, la cual no sé  por qué, también me sonó a la Cuarta T.

“Querido Lobo: La abuelita murió. Tenemos que inventar otra excusa para vernos. Te quiere, Caperucita. / Querida Caperucita: Me haré pasar por la abuela. Cobraremos su pensión y viviremos del cuento. Siempre tuyo, Lobo.”